
Sector público y sector privado: ¿qué papel tiene cada uno en la economía?
Cuando compramos en una tienda, contratamos un seguro o vamos a un restaurante estamos interactuando principalmente con el sector privado.
Cuando utilizamos una carretera pública, acudimos a determinados servicios sanitarios, estudiamos en un centro público o recibimos una prestación, interviene el sector público.
Ambos forman parte de la economía y cumplen funciones diferentes. Y, aunque a veces se presenten como dos mundos enfrentados, en realidad están profundamente relacionados.
¿Qué es el sector privado?
El sector privado está formado por empresas, autónomos y otras organizaciones de titularidad privada que desarrollan actividades económicas.
Una de sus características fundamentales es que las decisiones se toman de manera descentralizada.
Las empresas deciden qué producir, cuánto producir, qué trabajadores contratar, dónde invertir y qué precios establecer, mientras que los consumidores deciden qué productos desean comprar.
El mercado conecta ambas decisiones mediante los precios, la oferta y la demanda.
El beneficio y la competencia
En una empresa privada, obtener beneficios es fundamental para garantizar su continuidad.
Pero el beneficio también cumple una función económica.
Indica que los consumidores están dispuestos a pagar por aquello que la empresa produce y permite reinvertir, contratar trabajadores, innovar y asumir nuevas inversiones.
Además, cuando existe competencia, las empresas tienen incentivos para mejorar sus productos, reducir costes y diferenciarse.
Una empresa que no consigue adaptarse puede perder clientes frente a sus competidores.
¿Qué es el sector público?
El sector público está formado por las distintas Administraciones y organismos públicos.
Su finalidad no consiste principalmente en obtener un beneficio empresarial.
Entre sus funciones encontramos la prestación de determinados servicios públicos, la redistribución de la renta, la regulación de los mercados y la gestión de recursos colectivos.
Para desarrollar estas funciones necesita financiación, que procede fundamentalmente de impuestos, cotizaciones y otros ingresos públicos, además del recurso al endeudamiento cuando los gastos superan los ingresos.
¿Por qué interviene el Estado en la economía?
Los mercados son una herramienta extraordinariamente importante para organizar la actividad económica, pero no siempre producen por sí solos todos los resultados que una sociedad considera deseables.
Existen los denominados fallos de mercado.
Por ejemplo, determinados bienes públicos serían difíciles de financiar exclusivamente mediante decisiones individuales.
También pueden existir externalidades.
Una empresa que contamina puede generar costes para otras personas que no aparecen directamente reflejados en el precio de su producto.
Asimismo, pueden aparecer problemas de competencia, información desigual entre compradores y vendedores o situaciones de elevada concentración empresarial.
En estos casos, la intervención pública puede intentar corregir o reducir esos problemas.
Bienes públicos
Un ejemplo clásico es el alumbrado de una calle.
Una vez instalado, resulta difícil impedir que una persona se beneficie de la iluminación simplemente porque no haya pagado directamente por ella.
Algo parecido ocurre con determinados servicios colectivos.
Por eso existen actividades cuya provisión mediante un mercado tradicional puede resultar complicada y que son asumidas o financiadas por el sector público.
La redistribución de la renta
Otra de las funciones del sector público es modificar la distribución inicial de la renta.
Mediante los impuestos y el gasto público se financian servicios y prestaciones como educación, sanidad, pensiones, ayudas o determinadas políticas sociales.
Esto implica una transferencia de recursos entre distintos grupos de la sociedad.
La intensidad que debería tener esta redistribución es una cuestión económica y política sobre la que pueden existir posiciones diferentes.
¿Significa que el sector público debe hacerlo todo?
No.
Que existan fallos de mercado no significa que cualquier intervención pública produzca necesariamente un resultado mejor.
También pueden existir fallos del sector público.
Una regulación mal diseñada puede generar costes innecesarios.
Un gasto puede ser ineficiente.
Una subvención puede producir incentivos no deseados.
Y una Administración también debe decidir cómo distribuir unos recursos que son limitados.
Por tanto, la cuestión económica no debería reducirse simplemente a:
«¿Público o privado?»
La pregunta más interesante es:
«¿Qué mecanismo permite conseguir mejor el objetivo que buscamos y a qué coste?»
El sector privado también necesita al sector público
Una empresa no funciona de manera aislada.
Necesita seguridad jurídica, infraestructuras, carreteras, trabajadores formados, un sistema judicial, regulación de la propiedad y unas reglas que permitan realizar contratos.
Muchas de estas condiciones dependen, directa o indirectamente, del sector público.
Por eso, un sector privado dinámico necesita instituciones públicas que funcionen correctamente.
Y el sector público necesita al sector privado
La relación también funciona en sentido contrario.
Las empresas producen bienes y servicios, generan empleo, realizan inversiones y crean actividad económica.
Esa actividad genera además buena parte de los recursos con los que posteriormente se financia el sector público mediante impuestos y cotizaciones.
Sin una economía productiva capaz de generar renta y empleo, mantener un determinado nivel de gasto público resulta mucho más complicado.
Por eso ambos sectores se necesitan mutuamente.
¿Y las colaboraciones público-privadas?
En algunos ámbitos encontramos modelos en los que participan conjuntamente Administraciones y empresas privadas.
Una Administración puede financiar o planificar un determinado servicio mientras una empresa privada participa en su construcción, prestación o gestión.
Estas fórmulas pueden aprovechar capacidades de ambos sectores, aunque su conveniencia debe analizarse caso por caso atendiendo a costes, calidad, riesgos, incentivos y control.
Una cuestión de eficiencia y objetivos
Una empresa privada suele enfrentarse a una señal muy clara: si sus clientes no valoran suficientemente aquello que ofrece, sus ingresos pueden disminuir.
El sector público trabaja con objetivos diferentes y debe valorar también cuestiones como accesibilidad, equidad, cobertura territorial o interés general.
Por eso no siempre tiene sentido comparar directamente la rentabilidad financiera de una actividad pública con la de una empresa.
Pero esto tampoco significa que la eficiencia deje de importar.
Los recursos públicos también son limitados y tienen coste de oportunidad.
Cada euro destinado a una finalidad deja de estar disponible para otra.
En resumen
El sector privado desempeña un papel fundamental en la producción, la inversión, el empleo, la innovación y la competencia.
El sector público proporciona servicios colectivos, establece reglas, redistribuye recursos e interviene ante determinados fallos de mercado.
Ninguno funciona completamente separado del otro.
El verdadero debate económico no consiste necesariamente en decidir si «lo público es mejor que lo privado» o al contrario.
Consiste en analizar qué debe hacer cada uno, cómo puede hacerlo eficientemente y cómo pueden complementarse para utilizar mejor unos recursos que siempre son limitados.
Porque una economía sólida necesita empresas capaces de crear valor y unas instituciones públicas capaces de cumplir eficazmente sus funciones.
LRP Economistes
Asesoramiento fiscal, contable y económico
