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¿Por qué no podemos fabricar más dinero y hacernos todos más ricos?

A primera vista parece una solución muy sencilla.

Si las familias tienen dificultades económicas, las empresas necesitan vender más y el Estado necesita recursos, ¿por qué no crear mucho más dinero y repartirlo?

Si todos tuviéramos más euros en nuestra cuenta, aparentemente todos seríamos más ricos.

El problema es que el dinero no es riqueza por sí mismo.

La verdadera riqueza de una economía depende de su capacidad para producir bienes y servicios: alimentos, viviendas, energía, transporte, tecnología, educación, maquinaria o servicios profesionales.

Crear más dinero no crea automáticamente más de esas cosas.

Más dinero no significa más producción

Imaginemos una pequeña economía en la que existen únicamente 1.000 productos disponibles y un total de 10.000 € para comprarlos.

Ahora supongamos que duplicamos la cantidad de dinero hasta los 20.000 €, pero seguimos teniendo exactamente los mismos 1.000 productos.

¿Somos el doble de ricos?

No.

Seguimos teniendo la misma cantidad de productos.

Lo que ha aumentado es la cantidad de dinero intentando comprarlos.

Si la demanda aumenta pero la producción no puede responder, una consecuencia probable será que los precios comiencen a subir.

El ejemplo de las entradas

Imaginemos un concierto con solamente 100 entradas disponibles.

Hay 100 personas y cada una dispone de 50 €.

Ahora entregamos otros 50 € a cada persona.

Tenemos exactamente las mismas:

100 personas + 100 entradas.

Lo único que ha cambiado es que ahora existe más dinero disponible para competir por ellas.

Crear dinero no ha creado una sola entrada adicional.

Si los compradores están dispuestos a pagar más, el precio de las entradas puede aumentar.

Este sencillo ejemplo ayuda a comprender por qué aumentar la cantidad de dinero no equivale automáticamente a aumentar la riqueza real.

Entonces, ¿qué es la inflación?

La inflación es un aumento generalizado y sostenido del nivel de precios.

Puede tener distintos orígenes y no depende exclusivamente de la cantidad de dinero.

Puede aparecer por aumentos de costes, problemas de oferta, incrementos intensos de la demanda, expectativas o una combinación de diferentes factores.

Pero si la cantidad de dinero y el gasto crecen persistentemente mucho más rápido que la capacidad de una economía para producir bienes y servicios, pueden generarse importantes presiones inflacionistas.

El resultado puede ser paradójico:

tenemos más dinero nominalmente, pero cada unidad monetaria permite comprar menos.

Dinero nominal frente a riqueza real

Supongamos que cobramos 2.000 € mensuales y una cesta determinada de bienes cuesta 1.000 €.

Posteriormente nuestros ingresos aumentan hasta 4.000 €.

Fantástico... siempre que los precios no hayan aumentado también.

Si aquella misma cesta ahora cuesta 2.000 €, nuestros ingresos se han duplicado, pero nuestra capacidad para adquirir esa cesta no ha mejorado.

Tenemos el doble de euros, pero no necesariamente el doble de poder adquisitivo.

Por eso en Economía es fundamental distinguir entre valores nominales y reales.

Entonces, ¿por qué los bancos centrales crean dinero?

Aquí debemos evitar una simplificación habitual.

Que crear cantidades ilimitadas de dinero no haga más rica a una economía no significa que aumentar la cantidad de dinero sea siempre perjudicial.

Los bancos centrales gestionan las condiciones monetarias para tratar de mantener la estabilidad de precios y contribuir al funcionamiento de la economía.

En determinados momentos de debilidad económica puede existir capacidad productiva sin utilizar: empresas que podrían producir más, trabajadores desempleados y consumidores reduciendo sus compras.

En esas circunstancias, unas condiciones monetarias más expansivas pueden favorecer el crédito, el consumo y la inversión.

Si aumenta la demanda y las empresas tienen capacidad disponible, pueden responder produciendo más.

Por tanto, el efecto no tiene por qué traducirse exclusivamente en precios.

El problema aparece cuando la producción no puede seguir el ritmo

Imaginemos ahora una economía funcionando cerca de su capacidad.

Las empresas tienen dificultades para contratar más trabajadores, las fábricas producen prácticamente al máximo y determinados recursos son escasos.

Si aumentamos enormemente la cantidad de dinero y la demanda, las empresas tendrán dificultades para producir mucho más.

Entonces una parte mayor del ajuste puede realizarse mediante subidas de precios.

Por eso importa la relación entre:

dinero, demanda y capacidad productiva.

No basta con observar únicamente cuántos euros existen.

¿Qué ocurre si perdemos la confianza en el dinero?

El dinero funciona, entre otras razones, porque confiamos en que otras personas estarán dispuestas a aceptarlo mañana.

Si una sociedad empieza a pensar que su moneda perderá rápidamente valor, las personas pueden intentar gastar el dinero cuanto antes.

Las empresas pueden modificar precios con mayor frecuencia.

Los trabajadores pueden exigir aumentos salariales.

Los ahorradores pueden intentar protegerse buscando otros activos.

Estas expectativas pueden contribuir a alimentar todavía más las tensiones inflacionistas.

En situaciones extremas puede producirse hiperinflación, donde el dinero pierde valor a una velocidad extraordinaria y deja de cumplir correctamente algunas de sus funciones.

¿Cómo se hace realmente más rica una economía?

Esta es la parte verdaderamente importante.

Una economía aumenta su riqueza real cuando consigue producir más valor con los recursos disponibles.

Por ejemplo, mediante:

mayor productividad, inversión, tecnología, formación, mejores infraestructuras, innovación, empresas eficientes y una mejor utilización de los recursos.

Si una economía consigue producir más alimentos, mejores viviendas, más tecnología y mejores servicios utilizando eficientemente sus recursos, entonces sí ha aumentado su capacidad económica real.

No simplemente porque existan más billetes.

Una impresora no crea riqueza

Podemos imaginar una economía como una enorme partida de Monopoly.

Crear más billetes es relativamente sencillo.

Lo difícil es crear más bienes, mejores servicios y mayor productividad.

Si mañana duplicáramos mágicamente todos los euros existentes pero también se duplicaran todos los precios, nuestra riqueza real prácticamente no habría cambiado.

Por eso, una idea fundamental de la Economía es:

no debemos confundir dinero con riqueza.

En resumen

Crear dinero puede formar parte de la política monetaria y, dependiendo de las circunstancias económicas, puede influir sobre el crédito, la demanda, la producción y los precios.

Pero fabricar dinero de manera ilimitada no permite crear riqueza ilimitada.

Si aumenta mucho el dinero disponible pero la cantidad de bienes y servicios no puede crecer al mismo ritmo, el resultado puede terminar siendo principalmente una subida de precios y una pérdida de poder adquisitivo.

Porque una economía no es más rica por tener más números en sus cuentas bancarias.

Es más rica cuando puede producir más y mejores bienes y servicios de forma sostenible.

LRP Economistes
Asesoramiento fiscal, contable y económico

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