
La economía de los años 90: pesetas, crisis y el camino hacia el euro
Los años 90 despiertan una enorme nostalgia.
Las pesetas, los videoclubs, las cabinas telefónicas, los recreativos, las cintas VHS, los primeros ordenadores domésticos, los catálogos en papel, los grandes hipermercados o los anuncios de televisión forman parte de los recuerdos de toda una generación.
Pero económicamente aquella década fue mucho más que nostalgia.
España comenzó los años 90 con la peseta, tipos de interés muy elevados y una economía todavía poco digitalizada. Atravesó una dura crisis, llegó a superar el 24 % de desempleo y terminó la década entrando en uno de los mayores proyectos económicos de su historia: el euro.
Vivíamos en pesetas
Durante prácticamente toda la década, los españoles pensábamos nuestros precios y salarios en pesetas.
Era completamente normal hablar de:
100 pesetas
500 pesetas
1.000 pesetas
5.000 pesetas
10.000 pesetas
Cuando llegó el euro se estableció definitivamente la equivalencia:
1 euro = 166,386 pesetas.
Por tanto:
100 pesetas ≈ 0,60 €
500 pesetas ≈ 3,01 €
1.000 pesetas ≈ 6,01 €
5.000 pesetas ≈ 30,05 €
10.000 pesetas ≈ 60,10 €
Pero aquí aparece una primera lección económica muy importante.
Que 1.000 pesetas equivalgan matemáticamente a unos 6 euros no significa que 1.000 pesetas de 1992 tuvieran el mismo poder adquisitivo que 6 euros actuales.
Para comparar dos épocas debemos tener en cuenta también la evolución de los precios y salarios.
1992: el año en que España quiso mostrarse al mundo
1992 fue uno de los grandes años simbólicos de la España moderna.
Barcelona celebró los Juegos Olímpicos y Sevilla acogió la Exposición Universal.
Aquellos acontecimientos estuvieron acompañados por importantes inversiones en infraestructuras, comunicaciones y transformación urbana.
España estaba modernizándose y profundizando su integración europea.
Parecía el comienzo de una etapa extraordinaria.
Pero poco después llegaría una realidad económica mucho más complicada.
La crisis de 1992 y 1993
España entró en una fuerte crisis económica en un contexto de dificultades que afectó también a otras economías europeas.
Uno de los grandes protagonistas fue la peseta.
Durante 1992 y 1993 sufrió tres devaluaciones: un 5 % en septiembre de 1992, un 8 % en noviembre y otro 8 % en mayo de 1993.
¿Qué significa devaluar una moneda?
De forma simplificada, significa reducir oficialmente su valor respecto a otras monedas dentro del sistema cambiario existente entonces.
Una moneda más barata podía favorecer las exportaciones españolas al hacer nuestros productos relativamente más competitivos en el exterior.
Pero también podía provocar que determinados productos importados resultasen más caros.
Era una economía muy diferente de la actual, porque España todavía disponía de su propia moneda y de política monetaria nacional.
El paro: una de las caras más duras de los años 90
Cuando recordamos los 90 desde la nostalgia es fácil olvidar una de sus realidades económicas más importantes:
el enorme desempleo.
En 1994 la tasa de paro española alcanzó aproximadamente el 24 % de la población activa. A partir de entonces comenzó a descender con la recuperación económica.
Es decir, aquella década de televisión, música, juguetes y videojuegos que hoy recordamos con cariño coexistió con una situación laboral extraordinariamente complicada para muchísimas familias.
Esta es una buena demostración de algo importante:
Podemos sentir nostalgia por una época y, al mismo tiempo, reconocer que económicamente tenía problemas muy serios.
«Antes todo era más barato»
Es probablemente una de las frases más repetidas cuando hablamos de décadas pasadas.
Y contiene una parte de verdad, pero puede resultar engañosa.
Sí: muchos precios nominales eran muchísimo menores.
Pero también lo eran los salarios.
Supongamos que algo costaba:
500 pesetas
Su conversión matemática sería aproximadamente:
3 euros
Podríamos pensar:
«¡Solo tres euros!»
Pero esa comparación está mal planteada.
La pregunta correcta sería:
¿Qué porcentaje del salario mensual representaban aquellas 500 pesetas?
Porque para comparar nuestro nivel de vida necesitamos analizar poder adquisitivo, no simplemente convertir monedas.
Los tipos de interés eran altísimos comparados con los de décadas posteriores
Esta es otra diferencia enorme.
En julio de 1992, por ejemplo, el tipo oficial llegó al 13 % y todavía en agosto de 1993 se situaba en el 10,5 %.
Por tanto, hablar de financiación en los primeros años 90 era hablar de un entorno completamente distinto al que España viviría posteriormente.
¿Qué consecuencias tenía?
Pedir dinero prestado podía resultar muy caro.
Las hipotecas soportaban tipos muy superiores.
La financiación empresarial tenía un coste elevado.
Pero, al mismo tiempo, determinados productos de ahorro podían ofrecer remuneraciones nominales que actualmente llamarían mucho la atención.
Sin embargo, nuevamente debemos tener cuidado.
No podemos comparar un interés del 8 % de aquella época con uno del 3 % de otra sin tener en cuenta la inflación.
Lo importante es distinguir entre:
tipo de interés nominal
y
tipo de interés real.
Comprar una vivienda era diferente
Es cierto que los precios nominales de las viviendas eran muchísimo inferiores a los actuales.
Pero concluir simplemente que:
«antes comprar una vivienda era mucho más fácil»
requiere bastante más análisis.
Debemos comparar conjuntamente:
precio de la vivienda
salario disponible
estabilidad laboral
tipo de interés de la hipoteca
porcentaje de renta destinado a pagarla
inflación
Una vivienda puede costar mucho menos y, sin embargo, estar financiada a unos tipos de interés muchísimo mayores.
Por eso las comparaciones económicas entre generaciones requieren analizar varias variables simultáneamente.
Comprar significaba salir de casa
Aquí encontramos una diferencia enorme con la economía actual.
Durante la mayor parte de los años 90, si queríamos comprar unas zapatillas, un videojuego, un televisor, un libro o un juguete, lo habitual era desplazarnos físicamente hasta una tienda.
El comercio electrónico no formaba parte de la vida cotidiana.
Esto daba una enorme importancia a:
la ubicación del establecimiento
el escaparate
el merchandising
la publicidad local
los catálogos
la atención personal
el boca a boca
Un comercio situado en una buena calle tenía una ventaja extraordinaria.
Hoy un consumidor puede estar delante de nuestro escaparate y, en cuestión de segundos, comparar el mismo producto con decenas de vendedores desde su teléfono móvil.
En los 90 eso simplemente no ocurría.
Había mucha menos información disponible para el consumidor
Imaginemos que queríamos comprar un televisor.
Hoy podemos buscar el modelo, comparar precios, leer cientos de opiniones, ver vídeos, consultar especificaciones y comprarlo sin levantarnos del sofá.
En los años 90 probablemente teníamos que:
visitar diferentes establecimientos,
mirar catálogos,
preguntar al vendedor,
consultar publicidad,
llamar por teléfono.
En términos económicos existían unos costes de búsqueda de información mucho mayores.
Internet reduciría radicalmente esos costes durante las décadas siguientes.
La publicidad también era otro mundo
La televisión tenía un poder comercial enorme.
También eran fundamentales:
radio
prensa
revistas
vallas publicitarias
buzoneo
catálogos
patrocinios
No existían Instagram, TikTok, Google Ads o campañas segmentadas mediante redes sociales.
Millones de personas podían estar viendo los mismos canales y los mismos anuncios.
Esto permitió construir marcas extraordinariamente reconocibles mediante campañas de comunicación masiva.
Hoy tenemos muchísimos más canales, pero la audiencia está también mucho más fragmentada.
El pequeño comercio competía de otra manera
Una tienda local competía principalmente con:
otras tiendas de la zona,
grandes almacenes,
hipermercados,
cadenas comerciales.
Actualmente una pequeña empresa puede competir indirectamente con establecimientos situados a miles de kilómetros.
Eso tiene dos caras.
Internet permite que una pequeña empresa española pueda vender a clientes que jamás pasarían por delante de su establecimiento.
Pero también permite que sus clientes compren a empresas de prácticamente cualquier lugar del mundo.
El mercado potencial ha aumentado.
Y también la competencia.
La informática empezaba a transformar las empresas
A comienzos de los 90 todavía existían multitud de procesos empresariales realizados mediante:
papel
archivadores
fax
correo postal
teléfono
calculadoras
Los ordenadores fueron extendiéndose progresivamente y cambiaron la administración de las empresas.
Contabilidad, facturación, gestión de almacenes, bases de datos y procesos administrativos comenzaron a digitalizarse.
Y hacia finales de la década apareció otro fenómeno que cambiaría completamente la economía:
Internet.
Todavía faltaba muchísimo para los smartphones, las redes sociales, el comercio electrónico masivo o la banca móvil.
Pero la revolución ya había comenzado.
Europa estaba cambiando las reglas del juego
España había ingresado en la Comunidad Económica Europea en 1986.
Durante los años 90 avanzó el proceso de integración europea y el Tratado de Maastricht de 1992 sentó las bases de la Unión Económica y Monetaria.
España quería formar parte de la futura moneda común.
Para ello era necesario avanzar en la convergencia económica europea.
Durante la segunda mitad de los 90 se produjo una recuperación económica, una reducción de la inflación y un descenso considerable de los tipos de interés, en un proceso estrechamente relacionado con la convergencia que permitiría a España participar en la Unión Monetaria desde su inicio.
Y finalmente llegó el gran cambio.
1999: nace el euro
Aquí conviene distinguir dos fechas.
El 1 de enero de 1999 nació oficialmente el euro como moneda común y comenzó la política monetaria única.
Pero todavía no teníamos monedas y billetes de euro en nuestros bolsillos.
Entre 1999 y 2001 el euro funcionó fundamentalmente como moneda escritural, mientras ciudadanos y comercios continuaban utilizando físicamente las pesetas.
Los billetes y monedas en euros comenzaron a circular el:
1 de enero de 2002.
Por eso podemos decir que España terminó los años 90 entrando en el euro, aunque continuáramos pagando físicamente en pesetas unos años más.
De las pesetas al euro
El cambio fijado definitivamente fue:
1 € = 166,386 pesetas.
De repente hubo que acostumbrarse a una escala completamente diferente.
Lo que antes costaba:
1.000 pesetas
pasó a expresarse aproximadamente como:
6,01 euros
Lo que costaba:
5.000 pesetas
equivalía a:
30,05 euros
Y:
10.000 pesetas
eran aproximadamente:
60,10 euros
Para millones de personas acostumbradas durante toda su vida a pensar en pesetas, el cambio no fue simplemente económico.
Fue también mental.
Durante años todavía era habitual escuchar:
«¿Y eso cuánto es en pesetas?»
Una década que empezó y terminó en dos mundos diferentes
Si comparamos 1990 con 1999, el cambio resulta enorme.
España comenzó la década con:
pesetas
tipos de interés muy elevados,
mayor inflación,
escasa presencia de Internet,
comercio prácticamente exclusivamente físico,
menor integración monetaria europea.
Y terminó con:
el euro ya creado como moneda
tipos de interés mucho menores,
mayor estabilidad de precios,
crecimiento económico,
expansión de los ordenadores,
los primeros pasos de Internet en hogares y empresas,
una economía cada vez más integrada en Europa.
En apenas diez años cambió una parte importantísima del entorno económico español.
¿Se vivía mejor en los años 90?
No existe una respuesta económica sencilla.
Podemos encontrar aspectos mejores y peores.
Algunos bienes eran más asequibles respecto a determinadas rentas.
Otros eran mucho más caros.
La vivienda tenía precios nominales inferiores, pero la financiación podía resultar muchísimo más costosa.
Había menos gastos relacionados con tecnología y servicios digitales.
Pero también existían menos posibilidades de consumo y acceso a información.
Y, sobre todo, durante una parte de la década España soportó tasas de desempleo superiores al 20 %.
Por eso la Economía nos ayuda a separar dos cosas:
nostalgia y realidad económica.
Podemos recordar con enorme cariño una época sin necesidad de convertirla automáticamente en una época económicamente mejor.
En resumen
Los años 90 fueron una década de enorme transformación para España.
Vivimos:
la peseta
Barcelona 92 y la Expo 92
la crisis de 1992-1993
las devaluaciones de la peseta
un desempleo extraordinariamente elevado
tipos de interés de dos dígitos durante parte de la década
la posterior recuperación económica
la expansión de la informática
la llegada progresiva de Internet
una integración europea cada vez mayor
y finalmente...
el nacimiento del euro en 1999.
España comenzó los años 90 pagando en pesetas, comprando casi exclusivamente en establecimientos físicos y viviendo sin Internet en nuestra vida cotidiana.
Y terminó la década formando parte de una moneda común europea y a las puertas de una revolución digital que transformaría nuestra manera de trabajar, comprar, ahorrar, invertir y hacer negocios.
Quizá por eso los años 90 resultan tan fascinantes desde el punto de vista económico.
No fueron solamente el final de una década.
Fueron el paso entre dos formas completamente diferentes de entender la economía cotidiana.
LRP Economistes
Asesoramiento fiscal, contable y económico
