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Educación financiera: una asignatura para toda la vida

Todos tomamos decisiones económicas prácticamente a diario: comprar, ahorrar, contratar un préstamo, utilizar una tarjeta, pagar una hipoteca o decidir qué hacemos con nuestro dinero a final de mes.

Sin embargo, muchas personas llegan a la edad adulta sin haber recibido una formación básica sobre cómo gestionar sus propias finanzas.

La educación financiera no consiste en convertirse en economista. Consiste en disponer de los conocimientos necesarios para entender nuestro dinero y tomar decisiones con mayor criterio.

Aprender a diferenciar entre ingresar y poder gastar

Uno de los primeros conceptos de educación financiera es sencillo: nuestros ingresos no determinan por sí solos nuestra situación económica.

Dos personas que cobran exactamente lo mismo pueden encontrarse en situaciones completamente diferentes.

Imaginemos dos personas con unos ingresos de 2.000 € mensuales.

Una tiene unos gastos habituales de 1.500 € y consigue ahorrar 500 €. La otra mantiene unos gastos de 2.100 € y necesita recurrir periódicamente al crédito.

Ambas ingresan lo mismo, pero su situación financiera es muy distinta.

Por eso, conocer nuestros ingresos, gastos y capacidad de ahorro constituye uno de los primeros pasos para organizar correctamente nuestras finanzas.

Ahorrar no es simplemente guardar lo que sobra

Una práctica habitual consiste en gastar durante el mes y ahorrar aquello que quede disponible al final.

El problema es que muchas veces no queda nada.

Una buena planificación financiera permite establecer previamente qué parte de nuestros ingresos necesitamos para los gastos habituales, qué cantidad podemos destinar al ahorro y cuánto podemos utilizar para otros objetivos.

No se trata de dejar de disfrutar del dinero, sino de decidir conscientemente dónde queremos utilizarlo.

Entender una deuda antes de contratarla

No todas las deudas son necesariamente iguales.

Una hipoteca, un préstamo para financiar una inversión o una deuda generada por compras de consumo tienen características y consecuencias diferentes.

Antes de contratar financiación deberíamos comprender conceptos como el tipo de interés, la TAE, las comisiones, el plazo y el coste total de la operación.

Una cuota mensual pequeña puede parecer asumible, pero alargar excesivamente el plazo puede aumentar considerablemente el coste final.

Por eso, al analizar un préstamo no deberíamos preguntarnos únicamente:

«¿Puedo pagar esta cuota?»

También deberíamos preguntarnos:

«¿Cuánto voy a terminar pagando en total?»

El tiempo también tiene valor económico

Uno de los conceptos más interesantes de las finanzas es el efecto del tiempo.

Ahorrar pequeñas cantidades durante muchos años puede producir resultados muy diferentes a empezar a ahorrar mucho más tarde.

Aquí aparece el interés compuesto: los rendimientos obtenidos pueden generar, a su vez, nuevos rendimientos.

Por ejemplo, mantener un hábito de ahorro de 100 € mensuales durante 20 años supone aportar 24.000 €, incluso antes de considerar cualquier posible rentabilidad.

La constancia puede ser tan importante como la cantidad.

Ahorrar e invertir no son lo mismo

Ahorrar significa reservar una parte de nuestros recursos para utilizarlos en el futuro.

Invertir implica destinar dinero a determinados activos esperando obtener una rentabilidad, asumiendo también un determinado nivel de riesgo.

Por eso, antes de invertir es importante comprender qué estamos contratando, qué riesgos existen, qué horizonte temporal tenemos y qué pérdidas podríamos asumir.

Una regla sencilla de educación financiera es especialmente útil:

No deberíamos invertir en aquello que no entendemos.

La inflación también afecta a nuestros ahorros

Guardar dinero aporta seguridad y liquidez, pero también debemos tener en cuenta el efecto de la inflación.

Si los precios aumentan con el paso de los años, una misma cantidad de dinero tendrá una capacidad de compra menor.

Por eso debemos distinguir entre el valor nominal del dinero y su valor real.

Tener 10.000 € hoy y tener 10.000 € dentro de diez años no significa necesariamente disponer del mismo poder adquisitivo.

Educación financiera desde pequeños

Conceptos como ahorrar, comparar precios, diferenciar entre una necesidad y un deseo o comprender que el dinero es limitado pueden aprenderse desde edades tempranas.

No es necesario enseñar a un niño a calcular productos financieros complejos.

Podemos empezar por algo mucho más importante: ayudarle a comprender que elegir una cosa implica, muchas veces, renunciar a otra.

Ese concepto tiene incluso un nombre en Economía: coste de oportunidad.

Aprender a tomar pequeñas decisiones económicas desde pequeños puede ayudar a desarrollar una relación más consciente con el dinero durante la edad adulta.

En resumen

La educación financiera no garantiza que nunca vayamos a equivocarnos con nuestro dinero.

Pero sí nos proporciona herramientas para comprender mejor las consecuencias de nuestras decisiones.

Presupuestar, ahorrar, entender una nómina, conocer el coste de una deuda, comprender la inflación o valorar correctamente una inversión son conocimientos útiles independientemente de cuánto dinero tengamos.

Porque gestionar bien nuestras finanzas no empieza cuando somos ricos.

Empieza cuando aprendemos a entender el dinero que ya tenemos.

LRP Economistes
Asesoramiento fiscal, contable y económico

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