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De una idea a una empresa: los pasos para convertir un proyecto en una actividad real

Muchas empresas comienzan exactamente de la misma manera:

«Tengo una idea.»

Abrir una cafetería. Crear una tienda online. Montar una academia. Ofrecer servicios profesionales. Abrir un comercio. Crear una aplicación. Poner en marcha una pequeña empresa.

Tener una idea puede ser relativamente sencillo.

Lo complicado empieza después:

¿Existe realmente mercado? ¿Cuánto dinero necesito? ¿Qué precio debería cobrar? ¿Cuánto tengo que vender para no perder dinero? ¿Autónomo o sociedad? ¿Necesito licencia? ¿Qué impuestos tendré? ¿Cuándo puedo empezar a facturar?

Entre tener una idea y abrir un negocio existe todo un proceso.

Vamos a recorrerlo paso a paso.

1. La idea: ¿qué queremos hacer?

Todo comienza definiendo correctamente la actividad.

No basta con decir:

«Quiero abrir una cafetería.»

Tenemos que concretar mucho más.

¿Qué tipo de cafetería?

¿Dónde estará?

¿Qué productos ofrecerá?

¿A qué público se dirigirá?

¿Qué necesidad pretende cubrir?

¿Qué tendrá de diferente respecto a otros establecimientos?

Una idea empieza a convertirse en proyecto cuando podemos explicar claramente:

qué ofrecemos, a quién se lo ofrecemos y por qué alguien debería comprárnoslo.

Ejemplo

Imaginemos que queremos abrir una pequeña cafetería especializada en desayunos y meriendas.

Nuestra idea inicial podría ser:

Cafetería de proximidad especializada en desayunos, café, bollería y meriendas, dirigida principalmente a residentes, trabajadores y familias de la zona.

Ya hemos avanzado.

Ahora necesitamos comprobar si económicamente tiene sentido.

2. Analizar el mercado

Que una idea nos guste no significa necesariamente que exista suficiente demanda.

Antes de invertir debemos estudiar el entorno.

Podemos analizar:

Clientes potenciales

¿Quién podría comprarnos?

Competencia

¿Cuántos negocios similares existen?

Precios

¿Cuánto está dispuesto a pagar el mercado?

Ubicación

¿Existe suficiente tránsito o demanda en la zona?

Hábitos de consumo

¿Cuándo, cómo y por qué compra nuestro cliente?

Ejemplo

Encontramos un local situado cerca de:

un colegio,

varias oficinas,

una zona residencial.

Visitamos la zona a diferentes horas y observamos bastante movimiento por la mañana y por la tarde.

Además, existen dos cafeterías próximas, pero ninguna está especialmente orientada a desayunos y meriendas familiares.

Todavía no sabemos si el negocio funcionará.

Pero ya disponemos de información para tomar una decisión mejor fundamentada.

3. Definir el modelo de negocio

Ahora debemos determinar cómo vamos a ganar dinero.

Parece evidente, pero no siempre lo es.

Tenemos que responder preguntas como:

¿Qué venderemos?

¿A qué precio?

¿Cuánto nos cuesta producirlo o comprarlo?

¿Venderemos únicamente presencialmente?

¿Ofreceremos pedidos para llevar?

¿Tendremos reparto?

¿Existirán productos complementarios?

Ejemplo

Nuestra cafetería establece un ticket medio previsto de:

8 € por cliente

Y estimamos inicialmente:

70 clientes diarios

Si abrimos 26 días al mes:

70 × 8 × 26 = 14.560 € mensuales

Esta cifra todavía no es beneficio.

Es simplemente una previsión de facturación.

Ahora debemos calcular cuánto cuesta mantener el negocio abierto.

4. Calcular la inversión inicial

Antes de abrir tendremos que realizar determinados desembolsos.

Por ejemplo:

Adecuación del local: 12.000 €

Maquinaria: 15.000 €

Mobiliario: 6.000 €

Fianza del local: 3.000 €

Stock inicial: 2.500 €

Licencias, técnicos y trámites: 2.000 €

Imagen, web y publicidad inicial: 1.500 €

Tesorería inicial: 8.000 €

Total estimado:

50.000 €

Aquí aparece una de las preguntas fundamentales:

¿De dónde saldrán esos 50.000 €?

Podrían proceder de:

ahorros,

aportaciones de socios,

préstamos,

otras formas de financiación.

Y además conviene reservar un colchón de tesorería.

Porque abrir el negocio no significa empezar a ganar dinero inmediatamente.

5. Calcular los costes mensuales

Ahora estimamos cuánto costará mantener la actividad.

Supongamos:

Alquiler: 1.500 €

Personal y costes sociales: 4.500 €

Suministros: 700 €

Seguros, asesoramiento y servicios: 400 €

Marketing: 300 €

Otros costes fijos: 600 €

Total de costes fijos aproximados:

8.000 € mensuales

Además tendremos costes variables asociados a las ventas.

Supongamos que materias primas y productos representan aproximadamente un:

35 % de las ventas

Si facturamos 14.560 €:

14.560 × 35 % = 5.096 €

Resultado simplificado antes de considerar otras partidas:

14.560 − 5.096 − 8.000 = 1.464 €

De repente, aquella facturación de casi 15.000 € ya se ve de una manera completamente diferente.

6. Calcular el punto muerto

Antes de abrir deberíamos conocer una cifra esencial:

¿Cuánto necesitamos vender para no perder dinero?

Es el punto muerto o umbral de rentabilidad.

Si nuestro margen de contribución es del 65 % y tenemos costes fijos de 8.000 €:

Punto muerto = 8.000 / 0,65

Resultado aproximado:

12.308 € mensuales

Eso significa que, con estas hipótesis, necesitamos facturar aproximadamente 12.308 € al mes para cubrir nuestros costes.

Por debajo existirían pérdidas.

Por encima comenzaríamos a generar beneficio.

Si nuestro ticket medio es de 8 €:

12.308 / 8 = 1.539 clientes aproximadamente al mes

Si abrimos 26 días:

1.539 / 26 = 59 clientes diarios aproximadamente

Ya tenemos una información muchísimo más útil:

necesitamos alrededor de 59 clientes diarios para alcanzar el punto muerto.

Ahora podemos preguntarnos:

¿Es realista conseguirlos?

7. Hacer diferentes escenarios

Nunca deberíamos elaborar una previsión utilizando únicamente el escenario que más nos gusta.

Podemos trabajar con tres situaciones.

Escenario prudente

50 clientes diarios.

Facturación:

50 × 8 × 26 = 10.400 €

Estaríamos por debajo del punto muerto.

Escenario esperado

70 clientes diarios.

Facturación:

70 × 8 × 26 = 14.560 €

El negocio superaría el punto muerto.

Escenario favorable

90 clientes diarios.

Facturación:

90 × 8 × 26 = 18.720 €

El resultado sería considerablemente mejor.

Esto permite visualizar una cuestión fundamental:

¿Qué ocurre si vendemos menos de lo previsto?

Un buen proyecto empresarial no analiza únicamente cuánto puede ganar.

También analiza cuánto puede perder y durante cuánto tiempo podría soportarlo.

8. Elegir la forma jurídica

Cuando el proyecto empieza a tener sentido económico debemos decidir cómo desarrollar la actividad.

Entre otras posibilidades, dependiendo del proyecto, podemos encontrarnos con:

empresario individual o autónomo

Sociedad Limitada

otras formas societarias o de colaboración

No existe una forma jurídica universalmente mejor.

La elección dependerá de factores como:

número de promotores,

responsabilidad,

inversión,

riesgo,

previsión de beneficios,

financiación,

organización del negocio,

fiscalidad,

entrada futura de socios.

La pregunta correcta no es:

«¿Qué es mejor, autónomo o SL?»

Sino:

«¿Qué estructura se adapta mejor a este proyecto concreto?»

9. Comprobar si el local permite desarrollar la actividad

Este paso es especialmente importante cuando existe un establecimiento físico.

Un error grave sería:

firmar primero el alquiler y preguntar después si podemos realizar allí nuestra actividad.

Antes debemos comprobar las condiciones del local y los requisitos municipales y técnicos aplicables.

Dependiendo de la actividad pueden existir:

licencias,

comunicaciones,

declaraciones responsables,

proyectos técnicos,

medidas contra incendios,

accesibilidad,

insonorización,

salidas de humos,

requisitos sanitarios,

otras autorizaciones.

No todas las actividades tienen las mismas exigencias.

Y no todos los locales sirven para cualquier negocio.

10. Revisar el contrato de alquiler

Si necesitamos un local, el alquiler será una de las decisiones económicas más importantes.

No deberíamos mirar únicamente:

«El alquiler cuesta 1.500 €.»

También debemos revisar cuestiones como:

duración,

fianza,

garantías adicionales,

actualización de renta,

carencia,

obras permitidas,

gastos,

comunidad,

IBI,

suministros,

posibilidad de cesión o traspaso,

causas de resolución.

Ejemplo

Quizá necesitemos realizar 20.000 € en obras.

Si firmamos un contrato muy corto, podríamos no disponer de tiempo suficiente para recuperar esa inversión.

Por eso inversión y duración contractual deben analizarse conjuntamente.

11. Planificar la financiación

Volvamos a nuestros:

50.000 € de inversión inicial.

Supongamos que aportamos:

30.000 € de recursos propios

y solicitamos:

20.000 € de financiación bancaria

Ahora tendremos una nueva obligación mensual: devolver la financiación y asumir su coste.

Por tanto, el presupuesto debe incorporar también:

cuotas

intereses

vencimientos

La financiación puede permitirnos iniciar un proyecto.

Pero también aumenta nuestras obligaciones futuras.

12. Realizar los trámites fiscales y mercantiles

Antes de comenzar la actividad deberán realizarse los trámites correspondientes según la forma jurídica elegida.

Entre ellos pueden encontrarse:

constitución de la sociedad, si procede,

obtención del NIF, cuando corresponda,

alta censal de la actividad,

determinación de las obligaciones tributarias,

inscripciones y trámites mercantiles correspondientes.

La actividad desarrollada determinará también buena parte de nuestras obligaciones fiscales.

Por ejemplo, pueden aparecer:

IVA,

IRPF,

Impuesto sobre Sociedades,

retenciones,

pagos fraccionados,

declaraciones informativas.

No todos los negocios presentan los mismos modelos ni tienen exactamente las mismas obligaciones.

13. Alta en Seguridad Social y contratación

Si el empresario debe encuadrarse en el régimen correspondiente de Seguridad Social, habrá que realizar los trámites necesarios.

Y si vamos a contratar trabajadores aparecerá toda la gestión laboral:

contratos,

altas,

nóminas,

cotizaciones,

prevención de riesgos laborales,

registro horario,

convenio colectivo,

vacaciones,

otras obligaciones laborales.

Además, debemos incorporar correctamente el coste laboral a nuestras previsiones.

Contratar a una persona no cuesta únicamente lo que recibe neto en su cuenta bancaria.

14. Organizar la contabilidad antes de abrir

No deberíamos esperar a tener cien facturas acumuladas para empezar a pensar cómo organizaremos la administración.

Desde el principio conviene establecer:

cómo emitiremos las facturas

cómo archivaremos las facturas recibidas

cómo controlaremos bancos

cómo registraremos cobros y pagos

cómo controlaremos clientes y proveedores

cómo gestionaremos existencias

cómo conoceremos nuestros resultados

Una buena organización inicial evita muchos problemas posteriores.

15. Fijar precios correctamente

Uno de los errores más habituales consiste en fijar el precio simplemente observando a la competencia.

«El de al lado cobra 10 €, pues yo cobraré 9,50 €.»

Pero desconocemos sus costes, alquiler, salarios, volumen de ventas o márgenes.

Nuestro precio debería tener en cuenta:

coste

margen

competencia

valor percibido

posicionamiento

demanda

fiscalidad

Un producto puede venderse mucho y, aun así, no ser rentable.

16. Crear una estrategia comercial y de marketing

Ahora debemos conseguir que los clientes sepan que existimos.

Podemos trabajar aspectos como:

nombre comercial,

imagen,

página web,

Google,

redes sociales,

publicidad,

promociones de apertura,

colaboraciones,

marketing local,

fidelización,

recomendaciones.

Pero marketing no significa simplemente publicar fotografías.

Debemos preguntarnos:

¿Quién es nuestro cliente y cómo conseguimos que nos conozca, pruebe nuestro producto y vuelva?

17. Preparar la apertura

Llegamos finalmente al momento que llevábamos meses preparando.

Pero antes conviene comprobarlo todo.

¿Tenemos proveedores?

¿Tenemos stock?

¿Funcionan los sistemas de cobro?

¿Está el personal preparado?

¿Tenemos precios definidos?

¿Tenemos seguros?

¿Disponemos de las autorizaciones necesarias?

¿Está organizada la facturación?

¿Tenemos tesorería suficiente?

¿Hemos comunicado la apertura?

Entonces sí.

Podemos abrir.

IDEA → ANÁLISIS → NÚMEROS → FINANCIACIÓN → FORMA JURÍDICA → TRÁMITES → ORGANIZACIÓN → MARKETING → APERTURA

18. Abrir no significa haber terminado

Este quizá sea el punto más importante.

La apertura no es el final del proyecto.

Es el comienzo de la empresa real.

Hasta ese momento habíamos trabajado principalmente con previsiones.

Ahora aparecen los datos reales.

Supongamos que habíamos previsto:

70 clientes diarios.

Pero conseguimos:

52 clientes diarios.

Debemos analizar qué ocurre.

Quizá el ticket medio sea mayor.

Quizá los costes sean inferiores.

Quizá necesitemos mejorar la captación.

Quizá nuestra previsión inicial simplemente era demasiado optimista.

Una empresa debe comparar constantemente:

PREVISIÓN vs. REALIDAD

19. Los primeros meses: medir, corregir y volver a medir

Después de abrir deberíamos controlar periódicamente indicadores como:

Facturación

Número de clientes

Ticket medio

Margen

Costes fijos

Costes variables

Punto muerto

Tesorería

Cobros pendientes

Pagos pendientes

Rentabilidad

Evolución respecto al presupuesto

Si algo no funciona, debemos detectarlo cuanto antes.

Porque un pequeño problema identificado en el segundo mes puede tener solución.

El mismo problema ignorado durante dos años puede convertirse en una situación mucho más complicada.

Un ejemplo completo

Nuestra cafetería empezó siendo simplemente:

«Quiero montar una cafetería.»

Después analizamos el mercado.

Definimos el cliente.

Calculamos una inversión de:

50.000 €

Estimamos costes fijos de:

8.000 € mensuales

Calculamos un punto muerto aproximado de:

12.308 € mensuales

Determinamos que necesitábamos aproximadamente:

59 clientes diarios

Estudiamos el local.

Buscamos financiación.

Elegimos la estructura jurídica.

Realizamos los trámites.

Organizamos la contabilidad.

Definimos precios.

Preparamos el marketing.

Y finalmente...

abrimos la puerta.

Aquella idea que existía únicamente en nuestra cabeza se ha convertido en una actividad económica real.

En resumen

Crear un negocio no consiste únicamente en tener una buena idea.

El proceso puede resumirse así:

1. Definir la idea

2. Analizar el mercado

3. Diseñar el modelo de negocio

4. Calcular la inversión

5. Estimar costes e ingresos

6. Calcular el punto muerto

7. Elaborar escenarios

8. Elegir la forma jurídica

9. Comprobar requisitos de la actividad y del local

10. Planificar la financiación

11. Realizar los trámites fiscales, mercantiles y laborales

12. Organizar la contabilidad

13. Definir precios

14. Preparar el marketing

15. Abrir

16. Medir los resultados y corregir

La idea es importante.

Pero una idea por sí sola todavía no es un negocio.

Se convierte en negocio cuando comprobamos que existe mercado, hacemos los números, conseguimos los recursos, cumplimos los requisitos necesarios y somos capaces de transformar aquella idea inicial en clientes, ventas y una actividad económicamente sostenible.

Porque emprender no consiste únicamente en preguntarnos:

«¿Funcionará mi idea?»

También consiste en construir un proceso que nos permita responder:

«¿Qué necesito hacer para comprobarlo antes de arriesgar tiempo y dinero?»

LRP Economistes
Asesoramiento fiscal, contable y económico

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