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¿Cuánto cuesta realmente elegir?

Cada día tomamos decenas de decisiones: comprar o ahorrar, trabajar o estudiar, invertir o mantener el dinero disponible, contratar a una persona o asumir nosotros mismos más trabajo.

Aunque muchas de estas decisiones parecen no tener coste, en Economía existe un concepto fundamental para entenderlas: el coste de oportunidad.

Y no se refiere únicamente al dinero que gastamos.

¿Qué es el coste de oportunidad?

El coste de oportunidad es el valor de la mejor alternativa a la que renunciamos cuando tomamos una decisión.

Cada vez que elegimos una opción, dejamos otras posibilidades atrás.

Imaginemos que tenemos 1.000 € y podemos utilizarlos para hacer un viaje o guardarlos para cambiar el ordenador dentro de unos meses.

Si elegimos el viaje, su coste económico evidente son los 1.000 €. Pero existe otro coste: hemos renunciado a utilizar ese dinero para el ordenador.

Eso es el coste de oportunidad.

Nuestro tiempo también tiene un coste

Este concepto resulta especialmente interesante cuando hablamos de tiempo.

Supongamos que un profesional dedica cinco horas a realizar una tarea administrativa que podría externalizar por 100 €.

Puede pensar:

«Me ahorro 100 € haciéndolo yo mismo».

Pero falta una pregunta importante:

¿Qué podría haber hecho durante esas cinco horas?

Si hubiera podido dedicarlas a una actividad que genera 200 € de ingresos, realizar personalmente esa tarea quizá no haya supuesto realmente un ahorro.

El tiempo es limitado y dedicarlo a una actividad significa no poder dedicarlo simultáneamente a otra.

También existe en nuestras decisiones personales

El coste de oportunidad no es únicamente empresarial.

Imaginemos que disponemos de 300 € al mes después de cubrir nuestros gastos habituales.

Podemos destinarlos a ocio, ahorrar para unas vacaciones, amortizar una deuda o reservarlos para un objetivo futuro.

Ninguna de estas opciones tiene por qué ser incorrecta.

Lo importante es comprender que elegir una significa renunciar, al menos parcialmente, a las demás.

La educación financiera no consiste siempre en escoger la opción que genera más dinero, sino en entender qué estamos sacrificando con cada decisión.

El coste de oportunidad en una empresa

Para un empresario este concepto es especialmente importante.

Supongamos que dispone de 20.000 € para invertir y tiene dos posibilidades.

La primera inversión podría generar una rentabilidad estimada de 2.000 € anuales y la segunda, con un nivel de riesgo comparable, 3.000 €.

Si finalmente escoge la primera, no debería analizar únicamente los 2.000 € que obtiene.

También debería considerar los 3.000 € que potencialmente deja de obtener con la alternativa descartada.

Esto no significa que necesariamente haya tomado una mala decisión: pueden existir diferencias de riesgo, liquidez, plazo o estrategia. Pero demuestra por qué una decisión económica debe analizarse comparando alternativas.

Incluso no hacer nada tiene un coste de oportunidad

A veces pensamos que mantenernos como estamos significa no tomar ninguna decisión.

Pero no decidir también es una decisión.

Una empresa que no invierte, una persona que mantiene indefinidamente sus ahorros sin analizar alternativas o un profesional que rechaza una formación está eligiendo conservar su situación actual.

Y esa elección también puede implicar renunciar a otras oportunidades.

No siempre debemos elegir lo que proporciona más dinero

Aquí existe una distinción importante.

El coste de oportunidad nos ayuda a comprender las alternativas, pero no determina automáticamente cuál debemos escoger.

Una persona puede renunciar voluntariamente a ganar más dinero para disponer de más tiempo libre.

Un empresario puede rechazar una inversión más rentable porque implica demasiado riesgo.

Una familia puede gastar dinero en unas vacaciones en lugar de invertirlo.

Todas estas decisiones pueden ser perfectamente racionales.

La cuestión es saber a qué estamos renunciando y considerar si nos compensa hacerlo.

En resumen

Cada decisión económica tiene dos caras:

lo que elegimos y aquello a lo que renunciamos.

Por eso, antes de tomar una decisión importante, puede ser útil hacerse una pregunta muy sencilla:

«Si elijo esta opción, ¿cuál es la mejor alternativa que estoy dejando atrás?»

Pensar de esta manera ayuda a valorar mejor nuestro dinero, nuestro tiempo y nuestros recursos.

Porque muchas veces el verdadero coste de una decisión no aparece en ninguna factura.

LRP Economistes
Asesoramiento fiscal, contable y económico

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